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domingo, 24 de noviembre de 2013

Corazón de cristal

No puedo engañarte. Las palabras cuentan historias de mentira con una pequeña base de verdad. Puedes leerlo en los dedos cansados, y en los bolis destintados de tanto escribir. O en mis folios de papel recubiertos de cristal.

Mírame a los ojos, si quieres. Puedes ver mi sonrisa y quizá algún atisbo en mi mirada que te dé que pensar que tal vez no soy tan feliz como suelo aparentar. Puedes alzarme la mirada, pero no puedes ver los anhelos y deseos que llevo guardados en el alma. No puedes ver las heridas que están tatuadas no en mi piel, si no en mi corazón.

Puedes ofrecerme café por la mañana o regalarme una rosa al atardecer. Puedes, incluso, desnudar mi cuerpo entre tus sábanas, porque puedo regalarte una noche mi piel, pero mi mundo interno no está en venta. Ni siquiera en alquiler. Puedes besar mis labios rojos tras una copa de vino, o frente a la chimenea de algún bonito chalet. Pero mi alma guarda secretos que no verán la luz del sol, cicatrices grabadas en el corazón, enterradas bajo llave en el desierto y arrojadas a unas arenas movedizas que las extinguió. Olvidé la combinación.

En mi alma ya una vez la nieve se derritió y el mar, pese a mis súplicas desgarradas, se evaporó.

No te hagas falsas expectativas. Puedes abrazarme por las noches, pero no podrás rozar mi corazón.





Chica Salada

2 comentarios:

  1. Ooohhhhh, que bonito el final...
    Siempre tienes un aire melancólico, me gusta como escribes :)

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    1. Ya, no sé...me sale solo, jeje. Muchas gracias Sara, me halaga que me leas :)

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