Te voy a escribir una carta, aunque nunca la leerás.
Perdóname si te molesta. Te voy a escribir una carta en esta arena de la
playa, la meteré en una botella y la tiraré al mar. Pero no será de esas
botellas de películas en las que de repente encuentras y te enamoras de mí.
Será una botella que se pierda entre las olas, y busque navegando algún
destinatario al que acudir. No me gustaría que la leyeras.
Quiero que la encuentre alguien que no tenga nada que ver
contigo, ni conmigo. Contaré el día en que nos conocimos. Contaré nuestra
historia, aunque prometo no contar toda la verdad. Contaré lo bonito. Lo que quedó marcado como una huella imborrable en lo más
profundo de mi mente. Contaré cómo te mordiste el labio al verme, ese labio
sinuoso que besaría después tantas veces. Entre mis sábanas, en el metro, en
mitad de la calle… cómo me mancharían repetidas veces de carmín pero no me
importaba, porque no era comparable al rojo de tu corazón.
Contaré cómo tus manos, delicadas, me arropaban cada noche
al dormir y cómo me llegaron a conocer más incluso de lo que yo mismo me conocí.
Cómo cada vez que me rozabas me tocabas el alma y me hacías volar entre sueños
y cielos que nunca me atreví a sentir. Que si la felicidad existe, contigo la
conocí. Y cómo me encantaba dormir junto a tu pelo, acariciar tu espalda y despertarte con dulces besos.
Cómo a escondidas leías mis versos, y me abrazabas. Y reías dulcemente
mientras se te escapaba una lágrima y mis labios encontrabas. Narraré cómo me hiciste el hombre más
feliz del mundo cuando me dijiste que una vida había nacido de nuestras noches
de amor bañado en jazmín. Y ahora, te miro embelesado y me miras, ajena a lo que escribo, a
cómo te describo y a todo lo que estoy recordando. Cómo amo tu sonrisa, tu
mirada. De mujer, de madre, de amante. De mi locura, mi calma.

No hay comentarios:
Publicar un comentario