Ella. Corazón hecho de papel forrado con plomo. Luna menguante en el horizonte sin atreverse a bajar, sin atreverse a ver. Sin atreverse a sentir, sin atreverse a amar. Altiva, vislumbraba el mundo desde otra dimensión, desde otra perspectiva distinta, aunque no superior. Se había alejado y se había propuesto no bajar nunca más. No dejarse vencer. Aunque en sus adentros, seguía buscando el sol.
Él. Impaciente, lobo hambriento y con sed, que se encaprichó. Impulsivo, diferente a los de la manada. Lobo difícil de encontrar en este mundo. Y en otros, quizás. A su ritmo y a sus pasos, con la vista al frente... la miró. Y ambos sintieron la conexión. Ella, luna; él, lobo feroz.
.jpg)
Era utópico pensar que podrían enamorarse. Una fuerza más grande que los celos, que el tiempo y que el amor, estaba a fuego en sus corazones. Aún así sucumbieron a la llamada del sentimiento.
Las miradas. Las palabras, los besos y las caricias sanaron sus almas. La soledad les dio una tregua y descubrieron nuevos motivos por lo que creer, por los que luchar. Por los que mirar hacia adelante, levantarse y caminar. Ella descubrió de nuevo lo que tanto tiempo había intentado borrar de su recuerdo. Se dejó llevar, y comprendió que a veces la vida te da una segunda oportunidad. Para volver a creer en aquello en lo que había perdido ilusión, para volver a confiar.
Y el lobo aulló, y la luna intentó bajar. Y al bajar, se dio cuenta de que el sol se volvía a asomar...
Pero al final las fuerzas externas hicieron que no pudieran continuar. Ella seguirá desde el cielo, al lado del lobo. Él con sus aullidos le recordará que puede volver a ser luna llena, si se lo propone. Ella le dará siempre una luz con la que alumbrarse, en las noches oscuras y frías, y cuanto más perdido estè el lobo, la luna, más brillará.
No hay comentarios:
Publicar un comentario