Podríamos hablar de todo aquello
que no hablamos cuando estamos en la cama, exhaustos, después de follar.
Podríamos quitarle la tirita a
los errores camuflados en desidia, en orgullos agrietados que dejan ver
traslúcidamente el dolor que nos empeñamos en que sea escondido.
Una cama, a veces, es el hogar
de los anhelos que supuran en cada gota de sudor todo aquello que no nos
atrevemos a pronunciar.
Una vez más, amor, el silencio
es nuestra almohada, como quien calma la ilusión infantil de quien se deja llevar
por algo parecido al corazón.
Como quien calla.
Como quien calla.
Una vez más te voy a decir que
no.
Una vez más.
Que no.
Una…
Vez.
Al final lo escondido se abre
paso y me dice que no, joder. Que no me engañe. Que no serás tú, ni él, ni mis
fantasmas ni recuerdos los que van a abrazarme.
Al final seré yo, que aprenderé
que callar sólo mitiga la emoción de quien se deja llevar. No los miedos. No el
dolor.
Al final la cama me enseñará a
acariciarme antes de abrir las piernas a la próxima persona que quiera ponerme
su sello.
Sin necesidad de anhelar
Que otros me abracen.
Chica_Salada
Sofía Reguillos

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