No hablaré de tí, entonces, porque no quiero manchar tu nombre. Hablaré de mi (nuestra) percepción de tí, y de lo que ha significado la noticia de tu muerte.
Salir de un examen feliz, contenta, reencontrarte con amigos y recibir la noticia devastadora de que habías decidido alejarte de nuestro camino. No he podido aguantar las lágrimas, y me he sentido débil y frágil, ante las miradas de personas que no comprendían, que nunca comprenderán, el sentimiento que muchos hemos sentido.
No eras solo una más. Eras Olaia Oli Ouh , casi un icono inconsciente de nuestra pequeña lucha común. Eras un icono de fuerza y esperanza. De lucha incansable donde las haya y de alegría, más allá de todo el sufrimiento que hayas podido pasar. Sé que todos, de alguna manera somos así. Todo ser humano es especial. Pero nuestra percepción de tí, al menos la mìa, era esta, Olaia. Y aunque te vayas, aunque ya no estés aquí, con nosotros... no va a cambiar.
Es curioso como en un proceso de duelo se despierta nuestra parte trascendental. Nuestro "yo" filosófico. Nuestro "yo" espiritual. Pero estoy convencida de que estés donde estés leerás mis palabras, y todas las que todo el mundo te escribe, todas las palabras u oraciones que te dedican. Todo el sentimiento que vuelca la gente que te quiere.
Porque si una cosa es cierta, más allá de la vida y de la muerte, de la existencia eterna o de si existe Dios, es que quedamos en el recuerdo de quien nos quiere. Que nuestros actos nunca son en vano y que lo que hacemos o decimos, siempre tiene repercusiones.
Con pequeños actos, que quizás ni imaginaste, tocaste el corazón de mucha gente. Con tu simple ejemplo de fortaleza y alegría conseguiste, estoy segura, inundar mañanas sin sol de muchas ventanas que quizás ni conocías. Con tu simple optimismo sacaste un ápice de esperanza allá donde ya no había. Y yo, por la parte que me toca, y por todos ellos, te lo agradezco. Porque pocas personas son capaces de despertar el alma de otra sin apenas rozarla, sin apenas tener contacto tal cual. Muy pocas personas son tan sumamente humanas y fuertes de incrustarse en el corazón de otros. Y tú, Olaia, lo conseguiste.
Por eso quería escribirte esto, porque te lo mereces. Porque eres, has sido, una luchadora incansable, y sólo quería agradecerte, de alguna manera, haberte conocido. Porque me quedo tu risa, tu fuerza, esperanza y alegría.
Descansa allá arriba y dale un beso fuerte a aquellos que ya están allí.
Hasta siempre.



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