Un día me dijeron que no valía la pena luchar. Que por más que intentase en la vida no obtendría la recompensa esperada o merecida, que nunca me ilusionara con nada. Que no valía la pena tener esperanza.
Conforme fui acumulando experiencias en mi vida observé que realmente la existencia es efímera, fugaz. E incluso que a veces uno mira hacia atrás y su vida parece difusa, vacía de contenido. Que todo pasa, que las cosas materiales carecen de importancia y las personas, hasta aquellas que más quieres, se van.
De hecho, la persona que me dijo aquello de la lucha, se fue. Tras años de batalla incansable. Tras años de sufrimiento emocional y físico. Tras días intensos de hospitalización. Creo que ese 12 de febrero, día en que mi amigo Alberto falleció, marcó un antes y un después en mi existencia. Era el día de mi cumpleaños.
Alberto se fue tras una vida marcada por la Fibrosis Quística. Una vida entremezclada de alegría, dolor y pena. De esperanza, pero también de ilusiones rotas. Perdió a su hermano por la misma enfermedad, y su madre luchó por que su otro hijo no corriera la suerte del primero. Y lo consiguió, pues vivió 30 años más.
Sólo hacía un año desde que yo conocía a Alberto, y pese a que la mayoría de nuestras conversaciones fueron por internet, lo que me transmitió, pese a su marcha, aún permanece y permanecerá. Sus bromas y sus risas, sus charlas, todo lo que compartió conmigo y todo lo que me enseñó, no se irá. Tu recuerdo, no se irá. Las conversaciones por msn, skype, teléfono.... la primera vez que te ví, montado tu coche descapotable... Tus consejos no se irán.
Asíque, querido Alberto, siento decirte que no opino como tú. La existencia de cada uno no está llena de experiencias vacías, sino de momentos enriquecedores, llenos de vida. Momentos que te hacen feliz a tí, y hacen feliz a los demás. Momentos que quedarán en el recuerdo, pese a la distancia o el tiempo. Pese incluso a la llegada de la muerte. Como el ankh que llevo tatuado en mi muñeca, la vida es eterna. Incluso después de ella. La existencia mortal sólo es un paso para la inmortalidad.
La lucha merece la pena y la recompensa obtenida será proporcional a la ilusión que pongas en ella. Qué digo proporcional. Será mayor. Porque no sólo será para tí, se repartirá entre todos aquellos que te vieron luchar. Las ilusiones compartidas engendran más ganas de soñar,de vivir. de luchar. Las sonrisas que compartas con terceros serán sonrisa llenas de verdadera felicidad. Nuestras luchas individuales servirán para inspirar las luchas de los demás. El sufrimiento nunca es en vano. Siempre tiene recompensa. Y una recompensa mayor de la que podamos esperar. Tiende tu mano amiga. Presta tu hombro. Regala sonrisas. Recibirás mucho más.
No tires nunca la toalla. Sé feliz mientras vivas. Recuerda: la vida SIEMPRE merece la pena.
Lo que dejes en la tierra quedará en el recuerdo de los demás.
Es en ellos donde todos tenemos el sello de la inmortalidad.

Sofi, buff, sin palabras. Hoy también me he acordado de él, no se porque, porque echo de menos el grupo. Al principio de entrar tú y yo, de como era todo, como la vida pasa y cambia, nos cambia. COnoces a personas increibles que ya no estan, otras de las que pierdes el contacto, pero de todas te quedas cosas increibles, experiencias inolvidables. TODO.
ResponderEliminarYo tambien echo de menos a Alberto aún.
Me ha echo llorar, porque tienes mucha razón.
Animo pequeña
Lo echaremos de menos siempre, Marta. Siempre. Pero siempre seguirá vivo en nuestra mente y en nuestro corazón. De eso va esta entrada. De las huellas que dejamos en los demás. Esas huellas, nos hacen a cada uno inmortales.
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